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lunes, 1 de junio de 2015

Cuando me amé de verdad.



Cuando me amé de verdad.
Cuando me amé de verdad comprendí que en cualquier
circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora
correcta y en el momento exacto y entonces, pude relajarme.

Hoy sé que eso tiene un nombre…”Autoestima”
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y
mi sufrimiento emocional, no es sino una señal de que voy
contra mis propias verdades.

Hoy sé que eso es…”Autenticidad”

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera
diferente y comencé a ver todo lo que acontece y que contribuye a
mi crecimiento.

Hoy eso se llama…”Madurez”
Cuando me amé de verdad, comencé a percibir como es
ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona, solo
para realizar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el
momento o la persona no está preparada, inclusive yo mismo.

Hoy sé que el nombre de eso es…”RESPETO”

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que
no fuese saludable…, personas, situaciones, todo y cualquier cosa
que me empujara hacia abajo. De inicio mi razón llamó esa actitud
egoísmo.

Hoy se llama…”Amor Propio”
Cuando me amé de verdad, dejé de temer al tiempo libre y desistí
de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro.
Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero
y a mi propio ritmo.

Hoy sé que eso es…”Simplicidad”
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y
con eso, erré menos veces.

Hoy descubrí que eso es la…”Humildad”

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y
preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es
donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez.

Y eso se llama…”Plenitud”
Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y
decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, ella
tiene una gran y valiosa aliada.

Todo eso es…”Saber Vivir”

lunes, 8 de diciembre de 2014

ATRAE CON EL PODER DEL ALMA ✩✩✩✩

"SINO SABES A DONDE VAS, REGRESA PARA SABER DE DONDE VIENES" (Proverbio zen)  

Cuando leí por primera vez que con sólo pensar, sentir y enfocar mi atención en lo que deseaba, ese deseo se cumpliría, me volví loca, me entusiasmé muchísimo, esa información resonó en mi interior, literalmente, mi alma supo que era verdad.

Enseguida me vinieron a la memoria sucesos del pasado en los que había conseguido lo que quería aplicando esa fórmula, aunque en aquellos lejanos días desconocía que se tratara de una ley. Lo hice de manera natural. Todos venimos a este mundo sabiendo esa ley y su aplicación, pero con el devenir de los años y lo que nos van inculcando se nos olvida.

En fin, el caso es que la primera vez que intenté conscientemente atraer algo a mi vida, salió muy bien, tan bien, que el éxito se me subió a la cabeza, o mejor dicho, empecé a ser menos natural, a dejar de escuchar a mi alma y a darle prioridad a lo que mi mente tenía que contarme. Todo el mundo sabe los problemas de comunicación que tienen la mente y el alma. El alma no sabe hablar en el lenguaje de la mente, y la mente no sabe interpretar las sutilezas e intuiciones del alma. A nadie debiera extrañar, que en cuanto haces caso a la mente, a sus pensamientos repetitivos, a su monólogo continuo, pierdes el norte y entras en una vibración alejada completamente de la realización de tu sueño o deseo. Y me refiero a esos “Si puedo lograr esto, mi situación mejorará mucho”, “Tengo que conseguir esto, así demostraré a los demás que yo tenía razón”, “Si no consigo manifestar esto, seré una fracasada”, “Si no logro alcanzar mi sueño, mi vida no tendrá sentido”, y así hasta el infinito, porque otra cosa no, pero facilidad la mente para aguarnos la fiesta, tiene a raudales. Y así permanecí durante años, sí, años, testaruda que es una, hasta que de puro agotamiento dejé de insistir, y entonces me vino a la cabeza esa famosa frase de Einstein que dice: “Si haces siempre lo mismo no esperes resultados distintos”.

El hecho de no hacer nada por conseguir lo que deseaba produjo en mi una sensación placentera, y confort interior, y recordé algo que leí una vez, que el alma te habla a través del confort o la incomodidad interior. Es decir, que cuando te sientes bien es que estás siguiendo el camino de tu alma, y cuando te sientes mal no lo haces. Y entonces me vino una pregunta a la cabeza ¿es qué mi alma no quiere eso que yo tanto deseo?. 

Si lo piensas fue una reflexión lógica, dado que desde el momento en el que había dejado de hacer algo por conseguir ese deseo había empezado a sentirme mejor, lo normal es que pensara que quizá el error estaba en el deseo mismo. Pero no. Más adelante entendí, que el deseo no era el problema. Lo que estaba mal era la importancia que le estaba dando a ese deseo. Y entonces llegué a esta valiosísima información, que espero que a ti te ayude tanto como me ha ayudado a mi:

El Universo es amor, eso lo sabemos todos. Es un amor perfecto, incondicional, que no pide nada, que nada juzga, que no obliga, y al decir para mi misma estas palabras, caí en la cuenta de que yo no estaba amando a mi deseo, y no lo estaba amando porque de tantas ganas que tenía de que se cumpliera, de que se hiciera realidad, lo estaba forzando como si fuera un amante al que quisiera retener.

A los deseos se les debe tratar como tratamos a las personas a las que amamos. Cuando amas de verdad, lo haces de forma incondicional, respetas a esa persona, no la intentas retener, no sientes celos, no te muestras como una persona posesiva, porque eso no sería amor, sería inseguridad, serían dudas, sería baja autoestima.

Cuando pensaba que ese deseo tenía que cumplirse sí o sí, y que de no cumplirse sería una fracasada o mi vida no tendría sentido, la energía que estaba creando alrededor de ese deseo, nada tenía que ver con la energía del Universo, que es amor. Al hacer el símil con una pareja, me di cuenta. De repente entendí que si yo a un hombre al que quisiera tener como pareja le transmitiera sentimientos de que tiene que estar conmigo sí o sí, porque yo lo digo, sentimientos hacía mi misma de que sin ese hombre a mi lado sería una fracasada, que sin él mi vida no tendría sentido; se me encendió una luz, me dije “pero como has podido estar tan ciega, si tú jamás te comportarías así con un hombre, ni con nadie, ¿por qué lo haces con eso que quieres manifestar en tu vida?”.

Literalmente, se me encendió una luz. Respiré agradecida. Pensé en mi deseo como algo a lo que amar, no como algo a poseer. Y lo amé, como amo a mi perrita Berta, con agradecimiento y con respeto. Me relajé tanto que me quedé dormida. A la mañana siguiente mi deseo estaba ahí, delante de mi.

Conclusión, cuando quieras ver manifestado algo en tu vida, controla tu mente, que no se revolucione, que no le de demasiada importancia al deseo, ni demasiada poca, simplemente ama tu deseo, déjalo crecer, porque cuando llegue el momento perfecto aparecerá. Intenta estar equilibrado, no pienses mucho en tu deseo, pero tampoco lo olvides. Compórtate como lo harías con un amigo al que tienes muchas ganas de ver, pero que no vive en la misma ciudad que tú. Si tu deseo fuera que tu amigo te visitara, pensarías en él de vez en cuando, quizá algunos días revisarías fotos antiguas para recordar viejos tiempos, puede que por curiosidad buscaras por internet el precio del billete, por si acaso pudieras conseguir unos días libres, recrearías lo que haríais si estuvierais juntos. Mientras tanto, seguirías haciendo tu vida normal. Irías al trabajo, al supermercado, verías tu programa de televisión favorito, comprarías ese libro que tanto te apetece leer. Se trata de mantener la intención del deseo cumplido con amor y seguridad pero sin avasallarlo.

sábado, 29 de noviembre de 2014

[Poesía] Se miran, se presienten, se desean

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,...
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.

Oliverio Girondo.
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viernes, 28 de noviembre de 2014

COMO DETECTAR A UN PSICOPATA

Cómo detectar a un psicópata


Cómo detectar a un psicópata
Uno puede encontrar a un Psicópata en donde menos lo espera, puede dirigir una empresa, ser docente, medico, o hasta presidente, pero no significa que sean “malos” o asesinos. Se considera psicópata a la persona que no tiene empatía con los demás, que no sienten remordimiento por sus actos, que vive bajo sus reglas, y la única culpa que sienten es cuando rompen su propio código.
Quienes padecen este trastorno ven a  las personas como cosas, objetos que sirven para satisfacer sus propios intereses. Depende del objetivo que se fije en su mente, puede lastimar o no. Al comprenden los códigos sociales, pueden adepatarse y vivir en sociedad. Pero si su objetivo es hacer daño no sentirá ningún remordimiento en hacerlo.
La mayoría de los psicópatas solo son manipuladores, no violentos, que simulan tener sentimiento para conseguir sus objetivos. Fingen sentir amor, compasión, solidaridad, ternura, amistad. Para usarlas como estrategia para llegar a su objetivo.
La psicopatía es un trastorno antisocial de la personalidad. Los psicópatas se caracterizan por tener anestesia afectiva, no sentir culpa, ser manipuladores, violentos, y a diferencia del loco, si distinguen el bien y del mal.
Se cree que en los últimos años se ha incrementado este trastorno de la personalidad (4 de cada 100 personas pueden padecerlo) debido a los factores de competencia e individualismo.

Síntomas y rasgos típicos de un psicópata:

  • Locuacidad y encanto superficial
  • Autovaloración exagerada – Arrogancia
  • Falta de culpa y de remordimiento del daño que pueden causar con sus actos
  • Manipulación ajena y utilización de la mentira y el engaño como recurso
  • Ausencia de empatia en las relaciones interpersonales
  • Problemas de conducta en la infancia
  • Conducta antisocial en la vida adulta
  • Impulsividad
  • Ausencia de autocontrol
  • Irresponsabilidad
  • Estilo de vida parásito
  • Conducta sexual promiscua
  • Falta de objetivos realistas y a largo plazo
  • Necesidad de estimulación constante y tendencia al aburrimiento.
  • Relaciones de corta duración.
  • Conductas delictivas
  • No suelen sentir miedo ni temor al ser castigados por sus actos.
  • La ausencia de ilusiones y otros signos de pensamiento irracional
  • Un egocentrismo patológico. incapacidad de amar realmente y de formar lazos.
  • Una vida sexual impersonal, trivial y mal integrada.

Los tipos de psicópatas:

Los psicópatas descontrolados:

  • Son los psicópatas que se enojan fácilmente. Por lo general son hombres con fuertes impulsos sexuales y violentos, estan dominados por este impulso durante la gran parte de su vida. También pueden tener una fuerte adicción por la droga, la cleptomanía, la pedofilia, o cualquier tipo de acto ilícito o ilegal. Les gusta y entusiasma el riesgo. Es el caso de los violadores y asesinos.

Los psicópatas carismaticos:

  • Son irresistibles, encantadores, atractivos y tienen un gran talento para mentir. Estos “talentos” los utilizan para manipular a otros. Son generalmente compradores, y poseen una capacidad hipnótica para persuadir a los demas. Los líderes de sectas o de cultos religiosos, por ejemplo, podrían ser psicópatas si conducen a sus seguidores a causar su propia muerte.

Como vemos, todos los psicópatas tienen tres características en común: son individuos muy egocéntricos, sin empatía hacia los demás, e incapaces de sentir remordimiento o culpa.
Se hace de amigos fácilmente, y es muy manipulador, con su habilidad de palabras para salirse con la suya de cualquier apuro. A muchos psicópatas les encanta ser admirados y se regodean cuando los demás los adulan.

Tratamiento de la psicopatía

No existe un medicamento específico para este trastorno, ya que no tiene ni delirios, ni alucinaciones, ni estados de ansiedad o agresividad que lo motiven; por lo que no se pueden combatir síntomas. La forma de resolver este problema es la privación de libertad (en los casos más graves) para evita que haga daño. La mayor dificultad del tratamiento es conseguir que el psicópata quiera cambiar, ya que se trata de un comportamiento voluntario y consciente, que suele darle beneficios, por lo que difícilmente quiera cambiarlo.
Es un tratamiento complejo, ya que por ser un trastorno de la personalidad, afecta tanto al pensamiento, a los sentimientos, y al actuar, y se debe intervenir en todos los ámbitos de la persona para conseguir corregir dicho comportamiento. Se realiza un entrenamiento en el ámbito afectivo, para que aprenda a ponerse en lugar  del otro, y entienda lo que siente. También es necesario desarrollar habilidades emocionales y de empatía. Para esto es aconsejable hacer un juego de rol (role-play) para que asuma distintos papeles sociales, logrando que experimente distintas formas de relacionarse. También se pueden usar técnicas de relajación y visualización positiva que les ayudan a controlar la tensión interna que les guía hacia la búsqueda de la satisfacción de sus impulsos más inmediatos.
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